Indiferencia Criminal

 

Víctor Celorio

 

En la vida diaria de los habitantes de una urbe cualquiera de México, la contaminación del aire NO es una prioridad.

Aunque debería serlo.

No lo es porque durante 50 años los burócratas del esmog han disminuido la gravedad del problema, han ocultado la información y han esparcido la idea de que la contaminación es culpa de los ciudadanos y que basta con plantar unos cuantos arbolitos para limpiar el cielo.

 

Contaminación CDMX 2021

Nata de Contaminación en la CDMX

 

 

Excepto que los estudios más recientes de investigadores de la Universidad de Harvard han determinado que hasta una quinta parte de las muertes en el mundo son debido a la contaminación del aire. 

 

 

 

De acuerdo a las investigaciones de el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). “La contaminación ambiental y las altas concentraciones de pólenes en el ambiente influyen en alergias que pueden ser un grave problema de salud, pues estos factores afectan hasta un 30% de la población.”

 

 


30% de la población en México es igual a 38 millones de mexicanos que padecen problemas de salud todos los días debido a la contaminación.

Pero NO importa lo que nadie diga: los burócratas del esmog en México siguen sin hacer nada y actúan con pedante indiferencia criminal a todos los estragos que produce la contaminación que les pagamos para que controlen. 


Durante muchos años nosotros reclamamos que mantuvieran oculta la información acerca de los niveles de la contaminación en México. Ha sido solamente desde el 20/11/2019 con la norma NOM-172-SEMARNAT-2019, que los burócratas del esmog tienen la obligación legal de publicar la información de la calidad del aire cada hora... pero lo hacen con información con 12 horas de desfase y utilizando un algoritmo que ya en el pasado probó ser poco confiable.

 

Los burócratas del esmog NO solamente han fallado en cumplir con la misión para la que se les paga: han engañado y han mentido y han estafado con el único objetivo de recaudar ingresos al estado y debido a eso millones de mexicanos enferman y miles mueren todos los días sin saber siquiera por qué.

 

A pesar de todos los reclamos de organizaciones medicas y sanitarias, de ambientalistas y ecologistas, los burócratas del esmog siguen marcado los niveles de emergencia por contaminación a niveles absurdos, para no tener que declarar esa emergencia todos los días.

En palabras del periódico El País “Mientras las alertas mundiales se encienden cuando se superan los 25 micrómetros por metro cúbico de partículas PM 2.5 de media durante 24 horas, la capital se encuentra en alrededor de 110 desde el fin de semana, según los expertos del Centro de Ciencias de la Atmósfera.”

 

 

 

Los burócratas del esmog en México NO declaran la contingencia hasta que las PM2.5 rebasan los 150 ug/m3. Y a veces ni cuando los rebasan. Simplemente callan y miran para otra parte.

 

 

 

Esa pasividad es ya tan escandalosa que el Senado de la República les tuvo que rogar que dieran información de lo que están haciendo para limpiar el aire, y les recriminó su parálisis: Pese a que el derecho a la salud y a un medio ambiente sano están reconocidos en el artículo cuarto constitucional, las cifras muestran la falta de acciones contundentes por parte del Estado mexicano para garantizar tales derechos a sus habitantes.”

 

 

 

Y aún así los burócratas del esmog siguen sin aclarar qué están haciendo o cuáles son sus estrategias claras y efectivas para limpiar el cielo. Solamente se limitan a declarar con toda tranquilidad que la culpa por su falta de resultados la tienen los mismos ciudadanos que durante 50 años han obedecido las políticas irracionales y recaudatorias implantadas por esos mismos burócratas.

 

En lugar de anunciar claramente la forma como van a limpiar el cielo, publican en los medios sociales estampitas absurdas, irrelevantes, pedestres, ignorantes y hasta completamente equivocadas, como cuando los burócratas del esmog en Mexicali publicaron orgullosos que están en contra de la reducción de las emisiones del CO2...

 

 

 

Impotentes para tener aire limpio, los habitantes de las ciudades afectadas se culpan a ellos mismos por la suciedad del cielo como los han acostumbrado los burócratas del esmog, y se ven reducidos a rogar todos los días por vientos y/o lluvias que reduzcan por unas horas los niveles de contaminación que los ahoga y los mata.